Volver a Fallout 4 ha sido como abrir un baúl de recuerdos que había olvidado hace años: Red Rocket, Albóndiga y una pasión nuclear

Volver a Fallout 4 ha sido como abrir un baúl de recuerdos que había olvidado hace años: Red Rocket, Albóndiga y una pasión nuclear

abril 26, 2024 Desactivado Por

Hace casi nueve años que se lanzó Fallout 4. Fue anunciado en el E3 2015 y el 10 de noviembre del mismo año llegó a nuestras consolas (PS4 y Xbox One) y PC. Había jugado a Fallout 3 y New Vegas, pero entonces no tenía tanta experiencia en la franquicia como ahora. Aun así, la cuarta entrega de la franquicia se convirtió en uno de mis lanzamientos favoritos del año. Y eso que The Witcher 3: Wild Hunt se lanzó unos meses antes.

No sabía decir cuántas horas pasé por entonces recorriendo el yermo de Fallout 4, pero estoy seguro de que ronda las 300-400 horas sin problemas. No solo completando la historia principal y muchas misiones secundarias, sino tratando de encontrar todas las localizaciones y de dominar el Mar Resplandeciente. Si eres veterano, ya conocerás esa pesadilla. Si acabas de empezar, solo te diré que vas a disfrutar mucho cuando logres equiparte para pasar dentro más de cinco minutos.

Desbloqueando más recuerdos que trofeos en Fallout 4

Desempolvar mi edición física de Fallout 4 ha sido muy emocionante, pero no tanto como iniciar la versión de PS5 para encontrarme con el primer guantazo de nostalgia: el icónico menú con la Banda Sonora de la franquicia. Hay pocos menús que se hayan quedado tan incrustados en mi mente como este. Es imposible olvidar la imponente Servoarmadura en el taller del Red Rocket.

Después de repasar los ajustes y comprobar que tengo todo lo que necesito (agua, frutos secos…), inicio una nueva partida y me topo con el segundo guantazo de nostalgia: la introducción de Fallout 4. Muchos fans prefieren la intro de Fallout 3 porque cuenta con la imponente voz de José Fernández Mediavilla, pero aun así creo que esta es una de las mejores que he visto en un videojuego. Eso sí, la voz de Mediavilla la hubiese hecho perfecta.

Imágenes de 2015

Tengo miedo. Por mí. Por mi mujer. Por mi niño. Porque si algo me enseñó mi paso por el ejército, es que la guerra… la guerra no cambia nunca.

Los primeros compases del juego no tuvieron mucha sorpresa porque los tenía recientes después de preparar un artículo sobre una referencia a Fallout 76. En cuanto a las estadísticas de S.P.E.C.I.A.L., siempre he priorizado Fuerza, Resistencia y Agilidad para tener un personaje preparado para el combate, pero uno cambia con los años. Esta vez, los 21 puntos disponibles quedaron repartidos de la siguiente manera:

Está claro que este personaje queda muy lejos en dominar el combate y de tener un físico formidable. Quizás tendría que haber quitado algún punto de Inteligencia para añadirlo en Suerte y que así quedase algo más similar a la imagen que tengo de mí mismo. En cualquier caso, creo que es la vez que más satisfecho he quedado a la hora de crear un personaje. De hecho, tengo una build similar en Fallout 76.

Si soy sincero, sigo teniendo el mismo problema que hace años con el inicio de Fallout 4: no tengo un motivo (ni tiempo) suficiente para sentir empatía por el crío, así que no me afecta demasiado lo que ocurre con él después de que caigan las bombas. No puedo decir lo mismo del destino de mi mujer. Eso me toca la moral.

Salir del refugio en cualquier Fallout es un momento épico e icónico, y Bethesda hizo un trabajo increíble al crear la escena en Fallout 4. Más allá de mi impresión y la emoción de volver a vivirla, me vino un pensamiento: hay una pantalla de carga para salir del refugio y entrar en el mundo. Entonces recordé que una de las muchas quejas sobre Fallout 76 fue la dichosa pantalla de carga al salir del Refugio 76. «Cuantas chaladuras se han dicho del juego», pensé.

Ver de nuevo Sanctuary fue un momento bonito y lleno de recuerdos, porque he pasado decenas de horas remodelando el lugar en mis múltiples partidas. He hecho auténticas locuras en ese sitio, pero esta vez tengo planes para dejar de lado las construcciones enormes y crear un asentamiento más funcional y organizado. Dejo que Codsworth busque a mi familia, pero sé que no están allí.

Después de casi 40 minutos limpiando la urbanización para obtener armas, munición, ropa y chatarra, cruzo el puente de madera y llego a un lugar que solo puedo describir con una palabra: hogar. La Parada de camiones Red Rocket ha sido mi localización favorita de Fallout 4 durante estos nueve años. Sé que existen otras mejores, pero ninguna me ha robado tanto tiempo.

No exagero al decir que he invertido cientos de horas de mi vida en mejorar esa gasolinera. He hecho de todo: desde convertirla en una fortaleza con muros y torretas hasta construir una especie de Castillo Ambulante en la zona superior, junto al gran cohete. Es una localización bellísima y pagaría lo que hiciese falta por un DLC que permitiese restaurar la estructura. De hecho, llevo un tiempo detrás del Garaje Red Rocket de Fallout 76, pero no hay forma.

Llegó el momento que tanto deseaba: la escaramuza en Concord. Allí redescubrí que adoro el gunplay de la franquicia Fallout, especialmente Fallout 4, pese a que conozco personas cercanas a mí (cuyo criterio respeto) que creen que es malísimo. Acuerdo no estar de acuerdo con ellos. Avanzo por la calle, tratando de dar disparos a la cabeza. La sensación de estar en casa era muy intensa. Y hablando de pegar tiros, pienso especializar a mi personaje en el uso de pistolas.

Continué avanzando por la calle hasta librarme de todos los saqueadores. El bueno de Preston Garvey, azote de mi paciencia, me dijo que cogiese el Mosquete Láser y entrase en el edificio para ayudar. Y aquí va una confesión: nunca antes había usado esa arma. Siempre le he dejado en el suelo. Un amigo me recomendó darle una oportunidad… ¡Menudas galletas mete el malnacido!

Estaremos de acuerdo en que el primer momento épico de Fallout 4 llega cuando nos ponemos la Servoarmadura del tejado, pillamos la ametralladora y saltamos a la calle como si fuésemos el mismísimo Iron Man. ¡Y eso hice! Pasé por la picadora de carne a todos los saqueadores, pero intenté ahorrar munición porque sabía muy bien lo que aparecía al final de la calle.

Un aspecto negativo de Fallout 76 es que nos ha insensibilizado ante todas las criaturas de Fallout. Matamos bestias aladas enormes como quien se come una chuchería y los Sanguinarios han pasado a ser una mera molestia que nos quitamos de en medio como una mosca en pleno verano. Pero la cosa en Fallout 4 es distinta.

Pulsé el gatillo de la ametralladora y apunté a su cabeza mientras el malnacido corría hacia mí. Estaba confiado… hasta que me hizo su ataque de agarre y reventó el brazo izquierdo de la Servoarmadura. Fue un momento de redescubrimiento genuino porque Fallout 4 dejó su amenaza bien clarita: las chulerías para Appalachia. Aquí un Sanguinario es una fuerza de la naturaleza. Se me escapó una risita nerviosa cuando lo maté. Me sentí muy feliz al revivir este momento.

Me gustaría decir que las dos o tres horas siguientes fueron emocionantes de cara a esta narrativa. La verdad es que relatarlas sería algo soporífero y, como me dijo un antiguo profesor, hay que saber cuándo callarse para ser interesante. Volví a Sanctuary con los supervivientes para proporcionarles comida, agua y camas, y finalmente desvalijé todo lo posible de la urbanización para recolectar chatarra. No dejé ni una sola rama o trozo de metal sin desguazar.

Acabé con el desvalijo a las 1:30 de la mañana (noche del jueves al viernes) y decidí que era suficiente Fallout 4 por el momento y para contaros lo maravilloso que ha sido dar mis primeros pasos (otra vez) en un videojuego que tantas horas de diversión y felicidad me dio hace años. ¿Quién me iba a decir en 2015 que nueve años después (2024) iba a seguir disfrutando tanto de esta joya como entonces? Es probable que esté viciando como un loco cuando se publique esto. Espero que vosotros estéis disfrutando al menos la mitad que yo, aunque os deseo mucho más.

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Volver a Fallout 4 ha sido como abrir un baúl de recuerdos que había olvidado hace años: Red Rocket, Albóndiga y una pasión nuclear

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Vida Extra

por
Alberto Martín

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