Ni siquiera mis despistes han conseguido privarme de la épica batalla contra el Testigo en Destiny 2: La Forma Final. Adiós, amigo mío

Ni siquiera mis despistes han conseguido privarme de la épica batalla contra el Testigo en Destiny 2: La Forma Final. Adiós, amigo mío

junio 19, 2024 Desactivado Por

Todos tenemos nuestras cosas. Mal genio, facilidad sobrenatural para tropezar y caer, mala memoria, problemas para mantener la atención… No hay que avergonzarse y basta con proponerse ser mejor cada día. En lo personal, me ha tocado ser despistado hasta la médula dentro y fuera de los videojuegos. Seguro que muchos entendéis eso de tener cosas en las narices y no verlas ni aunque tengan neones.

Ser despistado me ha jugado malas pasadas en los videojuegos, por eso trato de mirarlo todo siete veces… aunque a veces falta una octava o novena. Mi última gesta en este sentido ha sido en Destiny 2: La Forma Final. Jugué la campaña hasta llegar al umbral del Testigo y no continué por un pequeño despiste.

Había escuchado y leído que el enfrentamiento final sería en la raid Filo de la Salvación (donde también enfrentas al Testigo) y me pareció obvio al ver que la misión Cisma es para 12 jugadores. Además, el juego me puso en la cara un cartel que anunciaba el desafío final en cuanto acabé la misión previa. Lo dejé correr algo molesto y continué explorando el Débil Corazón para conseguir las nuevas armas exóticas.

El final de La Forma Final de Destiny 2: adiós, viejo amigo

La actividad comienza con una escena al estilo Vengadores: Endgame o El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey. Los guardianes y todos nuestros aliados juntos a las puertas del Testigo. Elixi, Cabales, Colmena, Insomnes y Humanos. El comandante Zavala pronuncia la arenga más épica de su vida y, pese a que perdió la Luz y ha sufrido mucho durante su paso por el Débil Corazón, ha encontrado un nuevo camino en la Estasis gracias a Ikora.

No hay tiempo para minucias. El destino del universo de Destiny 2 se decide en una batalla final de dos fases. Primero me enfrento a la última línea de defensa del Testigo junto a mis 11 compañeros guardianes. El campo de batalla es un caos monumental: disparos, habilidades y supers volando por doquier, explosiones, escudos destruidos y enemigos muriendo sin parar.

Una década de conflictos, rabia y pérdidas nos impulsa y arrasamos con las defensas como un tsunami. El Testigo convoca sus fuerzas de élite, incluidos los temibles Torturadores. No importa. Titanes, hechiceros y cazadores tomamos los objetivos unidos. Somos un muro inamovible. Se une a nuestras filas la mismísima Savathün. «¡Qué no se diga que falté cuando se me necesitaba!», dice.

Las puertas se abren y finalmente llegamos a nuestro objetivo final: el Testigo. El increíble San-14 solo tiene una orden para nosotros: «¡Guardianes, mantened este escudo pase lo que pase!», dice antes de invocar el Amparo del Alba. La batalla comienza y nuestra némesis convoca a todas las tropas que le quedan.

No sé muy bien qué hacer ni dónde ir. Es un caos. Titanes cargan y destruyen todo a su paso. Cazadores brincan de un lado a otro, disparan y se mueven como rayos. Hechiceros convocan pozos y desatan un poder monumental de elementos. Savathün y Nimbus cubren nuestras espaldas. Ikora y Zavala guían la estrategia de ataque.

Solo necesito unos segundos para comprender nuestro cometido: extraer la luz del viajero de las grietas y canalizarla para mantener el Amparo del Alba de San-14. Cuando reunimos la suficiente, somos transportados a un enorme salón con estatuas de piedras. Los 12 guardianes empuñamos las espadas del Viajero y arremetemos contra todas ellas, deshilachando al Testigo desde dentro. No hay piedad. El tiempo de la mesura se fue con Amanda Holliday.

Repetimos el proceso varias veces y descargamos todo nuestro poder contra el corazón del Testigo. Nos matan una y otra vez, pero volvemos tras unos segundos bajo el Amparo del Alba de San-14. Una docena de guardianes cabreados y sedientos de venganza descargando cada bala en un mismo objetivo.

«Lo que se hizo, se puede deshacer», dice nuestro Espectro. «Sé lo que debo hacer. Guardián, canaliza la luz del viajero a través de mí. Estoy listo». Todos adquirimos una nueva habilidad super, una que tiene el logotipo de Destiny 2. Es el ataque definitivo que acaba con una década de conflicto entre Luz y Oscuridad. El momento es increíblemente épico. No todos los días se vive algo así. Doy un gran salto para situarme cara a cara con el Testigo y lanzo el ataque.

Mi espectro se convierte en una bola de luz ultrabrillante y dispara un torrente de pura luz del viajero. Nunca un guardián había empuñado un poder tan desmesurado. «No lo entendemos. No lo entiendo». Son las últimas palabras del Testigo antes de explotar en miles de lucecitas cósmicas que se esparcen por el espacio.

El ataque ha sido demasiado. Mi espectro se eleva en el aire, como luchando por salir del agua en busca de una bocanada de aire, pero no la encuentra… y cae sin luz, inerte. Pierdo la luz mientras escucho el impacto de su carcasa en el suelo. Suena a plástico duro, similar a un juguete que se cae de una estantería. Está muerto.

Noto que me tiembla el labio inferior. Trato de contener las emociones mientras el guardián suplica al Viajero que resucite a compañero. Siete años de aventuras no son para tomárselo a la ligera. «Pues sí que ha brillado con fuerza», dice Cayde-6, que aparece repentinamente por mi espalda. Me arranca una pequeña sonrisa que desafloja toda la tensión contenida.

Lo que viene de la luz, siempre regresa a la luz, eso dijo una vez mi Sundance, y que todos estamos conectados. Guardianes, espectros, el Viajero… Diles a los demás que ha sido mi decisión, mi luz. ¡Nadie más forja mi destino! Apuesto por ti, eso no lo olvides nunca. – Últimas palabras de Cayde-6

Soy incapaz de contener mis emociones y se me escapan las lágrimas. No solo por el momento, sino porque me doy cuenta de que estaba en lo cierto: Bungie trajo de vuelta a Cayde-6 para darnos una oportunidad de despedirnos de nuestro viejo amigo, cada uno a su forma.

El exo conocía muy bien su propósito y no tuvo reparos en dejarlo caer durante la campaña: «Pero en la vida hay que saber despedirse. Bueno… Yo morí. Llorasteis. Estaba en paz y ahora… he vuelto para abrir viejas heridas y echarles sal. Al final, hay que despedirse».

Bungie no ha sido cobarde al traer a Cayde-6 de vuelta y ha demostrado mucha valentía al arrebatárnoslo de nuevo, pero esta vez de mejor manera. Se ha despedido de Zavala e Ikora, ha perdonado a Cuervo y le ha pasado el testigo de la Vanguardia de Cazadores, ha cumplido su promesa de destruir al Testigo y ha entregado su luz a nuestro Espectro para que podamos continuar su legado. Si esto no es alcanzar la redención, no sé qué lo será.

La era de la Luz y Oscuridad ha terminado (ahora sí), pero Destiny 2 está lejos de ver su fin. Quedan muchas aventuras por delante con los Actos y las muchas amenazas que todavía rondan el universo. Ha sido increíble vivir estos siete años de historia y haber estado presente durante este colofón perfecto. Bungie prometió algo a la altura y han cumplido sobradamente. Ahora puedo decir con el corazón en paz algo que llevo guardando durante muchos años: adiós, amigo mío.

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Ni siquiera mis despistes han conseguido privarme de la épica batalla contra el Testigo en Destiny 2: La Forma Final. Adiós, amigo mío

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Vida Extra

por
Alberto Martín

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