Mi Imperio Romano es el Dragon Ball Z: Budokai que solo un puñado de nostálgicos esperamos que regrese

Mi Imperio Romano es el Dragon Ball Z: Budokai que solo un puñado de nostálgicos esperamos que regrese

abril 2, 2024 Desactivado Por

La relación entre el Imperio Romano y los varones es más especial de lo que cualquiera podría imaginar. Hace unos cuantos meses se viralizó la idea de que los hombres piensan, por lo menos, una vez a la semana en uno de los gobiernos más imponentes que hayan existido. Puedo llegar a comprender los motivos que llevan a un hombre a recordar cómo Julio César dirigió la guerra en las Galias, pero mi mente está más ocupada en otros asuntos.

Entre pensamientos que rozan la divagación más absurda y genialidades que solo yo valoro, existe un videojuego que se cuela entre mis neuronas para recordarme que hubo una época en la que disfruté de los juegos de lucha. Dragon Ball Z: Budokai 3 llegó a mi PS2 para quedarse y nunca he abandonado el título basado en la franquicia de Akira Toriyama.

Lanzado en 2004 para la consola de Sony, mi yo de 10 años recibió con muchísimo entusiasmo aquella secuela de un Dragon Ball Z: Budokai 2 que se quedó en absolutos pañales ante el salto de calidad de la tercera entrega. El abanico de personajes se amplió, los gráficos mejoraron notablemente dando un mayor peso a los efectos cell shading y, sobre todo, la espectacularidad se adueñó del título.

Goku, Vegeta, Piccolo, Gohan o Freezer son algunos de los personajes listos para liarse a guantazos contra cualquiera, incluso luchadores tan especiales como Bardock, Broly, Cooler o Yi Shenron. Todo ello lucía de maravilla desde el inicio con una cinemática para el recuerdo que sonaba absolutamente épica gracias al temazo Ore wa Tokoton Tomaranai!! cantado por Hironobu Kageyama.

Para vivir en primera persona las aventuras clásicas de Dragon Ball tocaba explorar el modo Universo Dragón, el cual comprendía toda las sagas Z del anime. El planeta Tierra y Namek eran los escenarios escogidos para pasar del tablero de Budokai 2 a una perspectiva en 3D con la que buscar las Bolas de Dragón, volar libremente y librar batallas ocultas. Cada personaje contaba con su propio argumento y recompensas, ya que al derrotar a los diferentes enemigos los desbloquearíamos para usarlos en otros modos. Además, si no explorábamos bien determinados momentos no desbloquearíamos líneas argumentales como la de la película Los mejores rivales.

La mejora era absolutamente bestial y, aunque todavía se mantuvo una resistencia por parte de Dimps para crear cinemáticas 3D como en el primer Budokai, no importaba porque aquello era como respirar las historias de Toriyama directamente. Poblados namekianos, la casa de Goku y el abuelo Son Gohan, el tatami del Gran Torneo de las Artes Marciales, el ring de los Juegos de Cell o el archipiélago en el que pelearon A-17 y Piccolo eran algunos de los icónicos lugares en los que lanzar ondas de energía.

Lo mejor de todo es que su destrucción era posible, ya fuese lanzando al contrincante contra las rocas, haciendo que chocase contra un dinosaurio o, sencillamente, volatilizando todo el escenario. Es aquí donde entran en juego los ataques definitivos de muchos personajes, los cuales tenían una capacidad de arrasar tan grande que Dragon Ball Z: Budokai 3 ofrecía una perspectiva del espacio de la explosión. El Kamehameha Padre-hijo, la Bomba de Energía, el Final Flash y otras tantas sacudidas de ki podían disminuir las barras de vida contrarias de un solo plumazo.

Todo era frenético con teletransportes a la espalda, desvíos, velocidades de vértigo y las habilidades Dragon Rush donde se debía evitar (o conseguir acertar) pulsar el mismo botón que el rival para liberar una técnica especial. Atuendos alternativos como un Cooler rojo, Super Saiyan 4 Gogeta con el pelaje blanco o las versiones del Monstruo Bu en color naranja sumaban gotas de contenido que se incluían junto a la infinita lista de cápsulas de podíamos comprarle a Bulma para conseguir nuevas habilidades.

Nunca olvidaré lo mucho que me gustaba recrear batallas legendarias, intentando reproducir cada frame del anime y del manga porque el cariño que había impreso Dimps se palpaba en cada pantallazo. Las transformaciones, las auras de energía que emanaban los Super Saiyan, las Fuerzas Especiales Ginyu o Cell eran espectaculares y todavía en 2024 lucen de maravilla. Quería que cada instante fuese genuino y no recuerdo un año de mi vida en el que no haya jugado a Dragon Ball Z: Budokai 3.

Posteriormente aterrizó Dragon Ball Z: Budokai HD Collection, esa revisión para PS3 y Xbox 360 que añadió resolución 720p, trofeos, censura y arrancó de cuajo los temas de Kenji Yamamoto. El compositor había sido acusado de plagio musical, lo cual obligó a colocar notas de Dragon Ball Z: Budokai Tenkaichi y Dragon Ball: Raging Blast en las cinemáticas. Una pérdida enorme, al igual que el ataque definitivo de Broly que fue recortado en cuanto estampaba la cara del rival contra el suelo

A partir de ese momento, me separé de Dragon Ball y los videojuegos, por lo que me perdí completamente la era de los Budokai Tenkaichi que tanto encandilaron. No tengo las mismas esperanzas con Sparking! Zero que atesoran millones de jugadores, pues solo tengo ojos para aquel Son Goku que tantas horas de diversión me dio en PS2 y que dudo que jamás vuelva a ver.

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Mi Imperio Romano es el Dragon Ball Z: Budokai que solo un puñado de nostálgicos esperamos que regrese

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Juan Sanmartín

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