La paciencia de Spider-Man tiene un límite y J.J. Jameson lo comprobó el día en el que le tocó demasiado las narices

La paciencia de Spider-Man tiene un límite y J.J. Jameson lo comprobó el día en el que le tocó demasiado las narices

abril 12, 2024 Desactivado Por

La eterna campaña mediática de J. Jonah Jameson es realmente agresiva contra Spider-Man y así se ha mantenido a lo largo de las décadas. Los personajes creados por Steve Ditko y Stan Lee han mantenido una relación con muchísima fricción que nunca ha traspasado el límite de la violencia -si exceptuamos los intentos del periodista de acabar con el trepamuros con creaciones como Escorpión-.

Más allá de alguna otra broma, como pegarle al asiento, fastidiarle el puro o cerrarle la boca con telaraña, Spider-Man se ha mantenido sereno… casi siempre. Fue en The Amazing Spider-Man #70 cuando el héroe se hartó por primera vez de la inquina de Jameson y lo encaró de tal forma que le provocó un ataque al corazón. Aquello sucedió en 1969 y durante el tramo final de una aventura centrada en Kingpin, pero fue en 1986 cuando el lanzarredes le dejó las cosas claras al editor del Daily Bugle.

Web of Spider-Man #13 nos mostró «Punto de vista», una pequeña historia que comienza con Spider-Man balanceándose por Nueva York, mientras se nos muestran recortes de periódico de una crónica sobre lo que vamos a presenciar. Un hombre llamado Buddy Corbertt ve al superhéroe por los cielos con su traje negro, se asusta y sale corriendo con la mala fortuna de cruzarse en el camino de un camión. Peter advierte la situación, intenta frenar el vehículo con una telaraña, pero no lo consigue y el impacto se produce igualmente.

Tras llevarse a Corbertt al hospital, un joven fotógrafo, apasionado del trabajo de Peter Parker, vende las fotos de lo sucedido al Daily Bugle y directamente a Jameson, el cual no ocupa en esos momentos el cargo de director, sino de dueño. Robbie Robertson es el principal responsable, y no está de acuerdo con la apuesta de Jonah de culpar a Spider-Man, pero no lo queda otra que darle margen para que publique una durísima edición titulada «¡Spider-Man enloquece! El justiciero enmascarado ataca sin provocación«. A partir de este punto, la exasperación del cabeza de red no hace sino aumentar.

Y es que Jameson no pierde el tiempo en hacerse fotos con Corbertt mientras está encamado, empujándole a que apoye su visión del accidente y pagándole los gastos médicos necesarios. La cadena de televisión NBC realiza un reportaje en la calle donde sucedió todo, por lo que entrevista a un hombre de negocios que sostiene la teoría de que Spider-Man atacó y una mendiga que ofrece la versión real. Dejándose llevar por prejuicios, la reportera decide que el testimonio que se emitirá será el primero, ya que «nadie creería a una vieja trapera«.

La situación escala tanto que Spider-Man se encara con un grupo de ciudadanos que le increpan tras haber frustrado un atraco y se pelea con ellos. Paga su frustración colgándole el teléfono a Mary Jane, pero la tortilla se da la vuelta cuando Ben Urich, periodista del Daily Bugle, pone contra las cuerdas a Corbertt para que confiese. Y es que realmente hablamos de un exconvicto con una buena lista de antecedentes que, sencillamente, se asustó en cuanto vio a Spider-Man y salió corriendo. Con la opinión pública absolutamente en contra, el conflicto alcanza su clímax.

Spider-Man irrumpe en la oficina de Jameson rompiendo la cristalera, lanza una telaraña en la puerta para impedir que pueda salir y lo acorrala. «¡Se acabó, Jonah! ¡Ahora me toca a mí!«, le espeta el enmascarado tras soltar una retahíla de recordatorios de cómo Jameson no le dejó en paz en el pasado. Jameson no es capaz de responder hasta que el lanzarredes le levanta del suelo agarrado por la camisa y le asegura que le va a «romper esa fea cara».

Jameson se defiende explicando que él simplemente interpreta los hechos y que refleja el sentir popular hacia él. Además, le acusa de parecer un delincuente y de actuar como la amenaza que él cree que ha sido siempre. Spider-Man está a punto de rebasar una línea muy peligrosa, pero se produce una pequeña elipsis en la que vemos cómo Robbie entra en el despacho donde ya no está el trepamuros. Es aquí cuando, por primera vez desde los inicios de las aventuras de Spider-Man, Jonah reflexiona y decide publicar la confesión de Corbertt para darle un respiro al superhéroe. Y es que tal y como él mismo dice, «Quizá ambos estemos equivocados. Quizá todo depende del… punto de vista».

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La paciencia de Spider-Man tiene un límite y J.J. Jameson lo comprobó el día en el que le tocó demasiado las narices

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Vida Extra

por
Juan Sanmartín

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