Hideo Kojima: Connecting Worlds, crítica sin spoilers. Disney convierte el making-of de Death Stranding en un monográfico sobre su creador

Hideo Kojima: Connecting Worlds, crítica sin spoilers. Disney convierte el making-of de Death Stranding en un monográfico sobre su creador

marzo 2, 2024 Desactivado Por

La leyenda. El enamorado de la cultura geek. El meme. El mismo tipo que te dice en instagram la última película que ha visto, quién se ha pasado por su trabajo a saludar o nos pone al día de lo come cuando sale de casa mientras, intencionadamente, deja que fermente la intriga sobre sus próximos trabajos. Hideo Kojima es toda una personalidad, pero también pertenece a un grupo muy selecto: ha dedicado su vida a demoler las barreras de los videojuegos. A reinventar la comunicación con el medio y el propio significado del concepto jugar. Un rasgo que Hideo Kojima: Connecting Worlds explora, disecciona y trata de desglosar en formato documental.

Técnicamente, Hideo Kojima: Connecting Worlds es una radiografía de 60 minutos que gira en bucle sobre tres temas recurrentes: el estado de la industria del videojuego debidamente entrados en pleno siglo XXI, la visión de este medio como algo más que mero entretenimiento y los pilares que fundamentan que cualquier cosa en la que ha estado trabajando el papá de Solid Snake o Sam Bridges lleve la frase «A Hideo Kojima Game».

¿Cuatro palabras insultantemente pretenciosas? Lo cierto es que, ya entrando en materia, para Kojima es un compromiso con el jugador, una responsabilidad con su legado y a la vez su manera de firmar. Porque si hay algo que queda patente en Hideo Kojima: Connecting Worlds es cómo y por qué éste visualiza los videojuegos como si fuesen obras de arte. Y eso que es de los poquitos creativos en los que no necesitas leer su nombre para saber que ha estado involucrado. Lo delatan sus personajes. Sus temáticas. Sus propias obsesiones plasmadas en pantalla.

Detrás de las cámaras, o al menos filtrando todo el metraje y dándole cierta narrativa desde en la sala de montaje, tenemos a Glen Milner. Un director que  estrenó durante la grabación de Hideo Kojima: Connecting Worlds otros proyectos como el cómo se hizo de Rogue One: A Star Wars Story y, más recientemente, True Love: Making ‘The Creator’.

Un dato que conviene saber de antemano, ya que tarde o temprano te topas con algo con lo que quizás no contabas al darle al «Play» con las palomitas calientes: el making-of del videojuego Death Stranding acabó siendo un monográfico sobre Hideo Kojima. Uno en el que Guillermo del Toro, Geoff Keighley o Mads Mikkelsen lo ponen sobre un pedestal. Es más, Norman Reedus lo llama «el Willy Wonka de los videojuegos». Dicho lo cuál, Hideo Kojima: Connecting Worlds no te responderá los cabos sueltos del videojuego, pero logrará que lo veas con otra perspectiva. A través de los ojos de un veterano Kojima que en 2015 decidió dar un salto mortal sin red. Al menos en lo que respecta a su carrera.

Un reseteo sustentado en dos palabras: Hideo Kojima

La gran paradoja de la industria del videojuego es que es más fácil que nunca hacerlos, pero el éxito está reservado a tan solo unos pocos. En buena parte, eso ha derivado en que los grandes estudios y las compañías más potentes suelan invertir más en fórmulas conocidas y remakes. Son la apuesta segura. Es más, probar a hacer cosas diferentes es un doble riesgo económico. Y si encima dependes de financiación externa, el golpe puede ser letal.

Shinji Mikami, creador de la saga Resident Evil, participa en Hideo Kojima: Connecting Worlds, lo simplifica en una frase.


«Te daban 1 billón de yenes y podías hacer lo que quisieras. Ahora cuestan billones de yenes o diez billones de yenes. Así que es un fracaso es un enorme riesgo para la compañía. De modo que siempre se tratan de minimizar los riesgos desde todas las perspectivas.»  Shinji Mikami

El caso de Hideo Kojima es la excepción. Cuando salió de Konami se dejó al cerrar la puerta franquicias millonarias y un enorme legado, pero había algo que era solo suyo y, técnicamente, le fue negado en las carátulas de su última obra: la firma «A Hideo Kojima Game». Lo cual nos lleva a la gran pregunta: si fueses una gran compañía de videojuegos que tiene que medir sus gastos, ¿financiarías un juego completo, una superproducción, basándote únicamente en la persona que lo hace?

El caso de Death Stranding fue así. Más o menos. De hecho, cuando Kojima empezó a poner los cimientos de su estudio independiente Kojima Productions y comenzó a tocar puertas para encontrar un socio en esta aventura, tuvo que ganar la primera batalla frente a sus propios empleados: cuando éste trató de explicar lo que tenía en la cabeza cuando imaginó la aventura de Sam Bridges recibió una respuesta ampliamente negativa por parte de su propio estudio. Un equipo, por cierto, al que había fichado muy poco antes.

Nos hemos acostumbrado a ver el escritorio de Hideo Kojima lleno de robots, películas, sets de LEGO y toda clase de libros. Sin embargo, Hideo Kojima: Connecting Worlds nos muestra cómo era esa misma mesa de trabajo el día que abrió sus oficinas y lo único que tenía era una taza, un MacBook y un puñado de cables.

Lo que no capta la cámara es que en esa imagen había algo más: un vendaval de ideas deseando manifestarse en millones de hogares. Tras el rostro de un Kojima que, tras 30 años en la industria, tenía mezclada la emoción de emprender algo propio y el vértigo de que, pese al peso de su nombre y apellido, esta vez no había una gran compañía detrás capaz de amortiguar el golpe y reubicar al personal en nuevos proyectos.


«Es como jugar a la ruleta rusa con seis balas. Antes, si algo fracasaba se intercambiaban departamentos y se empezaba otro proyecto. Ahora, si la cago no habrá otro proyecto. «

Lo cual nos lleva a la gran pregunta: ¿por qué Kojima se hizo independiente? En ningún momento de Hideo Kojima: Connecting Worlds se nombra a Konami. De hecho, Kojima admite que en su anterior empresa podía hacer lo que quisiera, pero para él no era suficiente: quería tener su propia marca. Y eso requería un movimiento que, tras tres décadas a la vanguardia de la industria de los videojuegos, da vértigo: apostar por la independencia. ¿Es posible saciar esa sed creativa sin ser arropado por una estabilidad económica o tecnología?

El viaje de Sam Bridges como hilo conductor: un «casi-making-of» de Death Stranding

A diferencia de las carátulas de sus juegos, los personajes de Kojima no llevan su firma impresa en la frente, pero portan su ADN. Sus densas ideas, sus obsesiones y todo ese bagaje heredado de las películas de Hollywood. Porque Hideo Kojima es ampliamente considerado un pionero en eso de hacer videojuegos con denominación de autor, pero por encima de cualquier cosa se considera un geek de la cabeza a los pies.

Sin embargo, y esta es una de las temáticas centrales de Hideo Kojima: Connecting Worlds, sus videojuegos no son burbujas con las que extraerse de la realidad, sino una respuesta a la misma. Posiblemente, al llegar a estas conclusiones en la sala de montaje, lo que pudo haber sido el making-of de Death Stranding acabó siendo un tributo a la visión de su creador.

La estructura de los documentales sobre la creación de un juego están ahí, que conste. Tenemos planos de Kojima reflexionando en una playa y de cómo esas sensaciones y pensamientos se llevaron al juego. Tenemos al equipo de Kojima Productions instalando sus ordenadores en las oficinas. Tenemos a los actores e invitados del juego hablando ampliamente sobre la visión y el mensaje al que se quiere llegar y cómo éstos no tenían ni idea de cómo se iban a encajar todas esas ideas en una experiencia a los mandos.

Llegados a cierto punto, tenemos a Hideo Kojima mostrando orgulloso la «Gold Master», la copia maestra, de Death Stranding. El viaje a través del proceso creativo y las inquietudes de todos los implicados queda perfectamente documentado. Insisto nuevamente: el making-of está ahí. Pero es solapado por una temática mayor y más profunda: qué hizo que PlayStation arropase el proyecto casi sin tener ni idea de qué tratará, ni tampoco muy claro cual es su visión. Con tan solo un nombre y un apellido como aval y sobre la mesa.

Y pese a que todos los implicados en el juego y otros grandes autores de diferentes medios alaban la figura de Hideo Kojima durante los 60 minutos que dura su monográfico, la manera en la que Kojima se abre al público le da nuevos matices al proceso. Compartiendo sus dolores y preocupaciones de juventud. Sus pérdidas y sus momentos más vulnerables. Sus influencias, sus propósitos y, sus preocupaciones. Hablando sobre sí mismo, desde luego, pero como un contenedor de pasiones y aspiraciones. Incluyendo las dos mayores de todas: los videojuegos y las películas.


«Para mi, las películas son como el sol. Son como la fotosíntesis de las plantas al recibir los rayos solares. Necesito que me lleguen esos rayos para estimular mis células e inspirar mis nuevas creaciones» Hideo Kojima

Sobra decir que el legado de Hideo Kojima bebe con descaro de las películas de Hollywood que le apasionan. De hecho, él mismo cita que sigue la estela de directores como David Lynch y David Cronenberg, quienes siempre llevan los conceptos, la narrativa o las temáticas al límite, pero incluso en esas, sus obras logran llegar y cautivar al gran público. Y pese a que los videojuegos, como medio, tienen una capacidad de calado mayor, existe ese desafío constante que le da nombre al propio documental: el reto de crear mundos.


«Quiero crear cosas que la gente no haya visto todavía. Pero es difícil. Si dices que es un cruce entre Robocop y Towering Inferno, uno puede combinar dos aspectos visuales que ya existen. pero si dices que es visualmente diferente a cualquier cosa que existe no son capaces de visualizarlo.»  Hideo Kojima

Kojima se crió en una generación sin videojuegos en las que había que encontrar la inspiración en otros lugares. Ahora, sus obras inspiran a incontables creadores y desarrolladores. En mayor o menor medida, su ADN como creativo está impreso en mayor o menor medida en la manera en la que hoy nos relacionamos con los mundos que conocemos a través de los mandos, del ratón y el teclado o las pantallas táctiles. Pionero a la hora de plasmar la ambición cinematográfica en un medio en constante expansión, o convertir sus reflexiones sobre la humanidad en emociones jugables.

Y, pese a ello, Hideo Kojima comparte su mayor preocupación. Como establece él mismo en Hideo Kojima: Connecting Worlds, sus ideas vienen y van y se sobreescriben entre ellas. Pero hay una cosa que le molesta: pese a su cara, sus andares y su escritorio, propios de un adolescente, es consciente de que prácticamente tiene 60 años. Y eso hace que se pregunte cuanto tiempo le queda para seguir creando nuevas obras. Un legado que, con la frase «A Hideo Kojima Game» o sin ella, ha sabido dejar su propio calado.

La opinión de VidaExtra

Existe una doble vara de medir Hideo Kojima: Connecting Worlds: si no viviste el culebrón de su salida de Konami, no te suena ninguno de los juegos que llevan su nombre y el estado actual de la industria del videojuego es posible que te enfrentes a un monográfico sobre un creador empeñado en marcar la diferencia con un juego que a él mismo le costó explicar a su estudio.

Y pese a que se habla abiertamente de los temas, la filosofía y la razón de ser de Death Stranding, en ningún momento te sumerge realmente en su universo, sino que te muestra los elementos y los materiales de los que está hecho. Películas, ciencia ficción y el empeño por conectar a la humanidad en un momento en el que, pese a las comunicaciones, las personas parecen más aislada que nunca.

Sin embargo, Hideo Kojima: Connecting Worlds es una doble radiografía que ilustra muchas realidades que no siempre están a la vista: el empeño por hacer que los videojuegos, como cualquier otra manifestación artística, tenga algo parecido a una denominación de autor. El desafío de abrirse paso en un mundo en el que apostar por lo novedoso es un riesgo que puede tumbar a estudios y compañías enteras. El modo de insuflar alma, mensaje e identidad propia a una historia que experimentas a través de tus ojos, tus manos y tus emociones.

Hideo Kojima: Connecting Worlds  reúne a muchos de los talentos los más allegados al propio Kojima y que, por cierto, participaron en mayor o menor medida en Death Stranding: Guillermo del Toro,  Norman Reedus, Hermen Hulst Mamoru Oshii, Troy Baker, Grimes… Y todos se deshacen en elogios tanto para con la obra como con su autor defendiendo aquello que hace los viodeojuegos con la frase «A Hideo Kojima Game» del resto.

Pero también nos muestra el lado más vulnerable del genio. El estudiante solitario de Kansai que imaginaba sus propios mundos en casa o en la escuela. Sufriendo en silencio. Que se refugiaba en las películas, la música y los videojuegos. De cómo, sin mencionar a Konami, consiguió sintetizar todas sus pasiones en un medio emergente y, poco a poco, definiendo su estilo. Su arte. Hasta romper las concepciones tradicionales de lo que se espera de los videojuegos.

Sintetizando todo el proceso en un documental que, quizás, en algún momento se planteó como el making of de Death Stranding. Pero que en su lugar nos deja una lección clave para entender a Hideo Kojima: no hay una evolución en la cultura hasta que ésta se renueva. De modo que para poder ofrecer al mundo algo que jamás se ha visto antes, dado el estado de la industria, el camino elegido por es producirlo él mismo. Eso sí, al estilo Hideo Kojima.

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Hideo Kojima: Connecting Worlds, crítica sin spoilers. Disney convierte el making-of de Death Stranding en un monográfico sobre su creador

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por
Frankie MB

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