He conquistado los mares de Skull and Bones, masacrando a franceses y holandeses, y ahora me enfrento al peor enemigo: el capitalismo

He conquistado los mares de Skull and Bones, masacrando a franceses y holandeses, y ahora me enfrento al peor enemigo: el capitalismo

febrero 24, 2024 Desactivado Por

Ni una sola crítica, broma o comentario malintencionado ha conseguido separarme de Skull and Bones desde que se activó su acceso anticipado. Los únicos momentos en los que mi barco ha estado parado en el puerto de Sainte Anne ha sido por una causa muy importante: llevar la Democracia Gestionada y la Libertad a cada rincón del universo en Helldivers 2.

Arrowhead Game Studios no ha dado con la tecla para arreglar los servidores y el juego literalmente se está ahogando en su éxito. En vista de esta situación, decidí dedicar todo mi tiempo a Skull and Bones para traeros el análisis y porque me tiene completamente adicto a su aventura pirata.

Conquistar los mares de Skull and Bones

Siempre pensé que la amenaza más terrorífica de Skull and Bones iban a ser los galeones españoles. No sé si lo sabíais, pero en España éramos muy dados a responder la pregunta «¿Cuántos cañones quiere usted para su galeón?» con un simple «Todos». Ahí tenéis al Santísima Trinidad con sus 70 cañones.

Por suerte, Ubisoft nos ha librado de enfrentarnos a los bestias de nuestros antepasados. Y lo mismo ocurre con los ingleses. Esta pequeña ofensa por parte de la compañía francesa se ve compensada por el hecho de que puedo masacrar y hundir todos los barcos franceses que quiera. Y precisamente de eso va la primera parte de la historia de Skull and Bones.

La armada francesa hunde mi bergantín inicial y me obliga a sobrevivir en unos islotes dejados de la mano de dios. Un poco de suerte e ingenio son suficientes para llegar a Sainte Anne en el bote (Draw) más cochambroso que podáis imaginar. John Scurlock, jefazo del lugar, busca piratillas que sean carne de cañón para su campaña contra los franceses. Me uno. Tampoco tengo mucha elección.

Fabrico mi primer barco de tamaño pequeño, Ariete (DPS), y un par de cañones para poder defenderme de cualquier rufián que trate de hundirme. Los barcos medianos están muy lejos de mi alcance, pero hay una alternativa que me llama la atención: el Defensor, una carraca de tamaño medio y clase tanque.

Llamo al Valhalla al Ariete, aunque no tarda mucho en acabar en el almacén. Tras completar con éxito algunos trabajillos para Scurlock, consigo el nivel y los materiales necesarios para fabricar el Defensor y lo renombro como Heimdal. Todos mis barcos tienen nombres nórdicos.

La campaña bélica de Scurlock es relativamente sencilla con el poderoso Heimdal, aunque las misiones comienzan a llevarme por derroteros que lo ponen contra las cuerdas. Necesito potencia de fuego y un buen casco. Apuesto por construir el Artificiero, un barco DPS de tamaño pequeño al que llamo Tyr. Es perfecto para crear una build de estados alterados, mis favoritas.

Tyr es potente y se lleva por delante a uno de los jefes de la campaña de Scurlock en su primera misión, pero tiene un punto débil: no hay hueco para colocar armamento en la parte trasera. Tras una o dos misiones, vuelvo al Heimdal y hago una temeridad: abandono las Islas Rojas y atravieso el mar abierto (azotado por una tormenta casi constante) hasta las Indias Orientales. Los barcos enemigos ni siquiera tienen número, solo calaveras rojas. En otras palabras, muero si me rozan.

Alcanzo la capital de Telolk Panjarah y consigo hacerme con mi tesoro: el plano para fabricar el Padewakang, un barco DPS de tamaño medio. Conseguir los materiales necesarios me lleva unas cuantas horas de jugar al ratón y al gato con corsarios y piratas. Llamo a la nave Hel en honor a la diosa Hela, reina del Helheim y la representación de la muerte para muchos.

Hel me acompaña durante el resto de la campaña de Scurlock y casi sobrevive a la guerra de Yanti Pacuk contra los holandeses. No logra resistir la emboscada del jefe final, así que decido que es el momento de fabricar el martillo que hará temblar los mares de Skull and Bones cuál yunque: Vanguardia (Esnón) es un barco de tamaño medio y tipo tanque al que llamo Mjölnir.

Antes de volver al lugar de la emboscada, fabrico dos pares de buenos cañones para los laterales, sitúo bombardas en las zonas delantera y trasera, y coloco un mortero en el hueco central. Dedico todos los potenciadores a las bombardas y añado el casco Custodio Real, uno de los mejores del juego. Mi nivel de barco pasa de 8-9 con Hel a 10 (casi 11, máximo) con Mjölnir. Arraso con el resto de enemigos de Pacuk, finalizando la historia del juego, y comienzo mi propia aventura.

He dominado el comercio de la zona y eliminado a todos los que querían acabar con la piratería, así que es el momento de enfrentar al enemigo más temible: el capitalismo. Skull and Bones me introduce en el mundo del comercio en el Mercado Negro. Mi imperio pirata se cimenta sobre el alcohol, las drogas y la violencia desmedida contra cualquiera que se interponga con mi objetivo: los Reales de a Ocho, la moneda que me abre la puerta al mejor armamento.

Los franceses y holandeses no son más que una molestia. Ahora, los Corsarios y Piratas se pelean para robarme tanto mi mercancía como beneficios. Pese a sus intentos constantes, Mjölnir se ha convertido en una leyenda en Skull and Bones como su homónimo en la mitología nórdica. No hay facción que pueda hundirlo, hasta el punto de que puedo completar eventos públicos contra 5-7 barcos sin ayuda. El capitalismo, aunque temible, será rendirá a los pies de mi bestia naval.

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La noticia

He conquistado los mares de Skull and Bones, masacrando a franceses y holandeses, y ahora me enfrento al peor enemigo: el capitalismo

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Vida Extra

por
Alberto Martín

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