Estaba acorralado, sin munición y medio muerto, pero Helldivers 2 hizo su magia: alguien creyó que mi vida valía la pena

Estaba acorralado, sin munición y medio muerto, pero Helldivers 2 hizo su magia: alguien creyó que mi vida valía la pena

abril 6, 2024 Desactivado Por

La tarde-noche del viernes pasado, 29 de marzo de 2024, fue especialmente frustrante en Helldivers 2. Ya venía mosqueado de días atrás porque Arrowhead Game Studios no logra dar con la tecla para resolver el problema de los crasheos, algo que me ha fastidiado más de una decena de partidas y seis-siete muestras superraras. Sí, las rosas.

Se juntaron un par de crasheos y algunas partidas con personas que definitivamente estaban jugando a otro videojuego: no recuperaban las Muestras ni hacían objetivos secundarios, tampoco hacían caso a las marcas o el chat, y hasta tres veces me expulsaron de la partida por solicitar ayuda para abrir búnkeres. Por si no lo sabéis, hay que pulsar dos botones al mismo tiempo para abrir la compuerta.

Me sentía decepcionado con el videojuego y frustrado por los helldivers que me estaban tocando en el matchmaking. Tenía de fondo un vídeo sobre Star Wars: La Remesa Mala al que le quedaban 10-15 mins, así que decidí probar suerte una vez más mientras terminaba y antes de desconectar del mundo en Dragon’s Dogma 2. Morí tres veces por fuego amigo en cinco minutos de partida. Decidí probar otra vez.

Nota: suelo acompañar estas publicaciones con capturas propias, pero Helldivers 2 crasheó después de la misión, mientras me despedía de mis compañeros, así que no pude grabar la partida con la función Share. Añadiré otras similares, pero no corresponden con la partida que narro. Me someteré a consejo de guerra democrático si así lo queréis.

El héroe que me devolvió la esperanza en la comunidad de Helldivers 2

Hice matchmaking en Malevelon Creek o Ubanea (Frente Autómata) para contribuir en la Orden Suprema. Elegí la dificultad 5, el punto intermedio perfecto que me permite corretear en solitario y tener combates estimulantes contra los Autómatas.

El objetivo de la misión era conseguir los códigos de lanzamiento y pegar un petardazo nuclear en el planeta. Algo rutinario para cualquier helldiver. Mis compañeros fueron directos al objetivo principal, así que escribí por el chat (en inglés): «me encargo de los objetivos secundarios». Leer un «Roger, roger» como respuesta fue algo maravilloso.

Llevaba mi selección de Estratagemas clásicas para supervivencia: Ataque de Precisión Orbital, Láser Orbital, Mochila Generadora de Escudo y Cañón Cuásar (antes el Lanzagranadas). Las armas: LAS-16 Hoz y LAS-7 Daga, y finalmente la armadura Comandante Alfa TR-177, especializada en aumentar la capacidad y el efecto de los Stim. Es infalible contra Autómatas y Termínidos. Iba confiado.

Tuve suerte y encontré la estación de comunicaciones a los pocos minutos, así que tuvimos todo el mapa revelado desde la primera partida. No tuve problemas para activarla. Mis tres compañeros fueron al oeste, limpiando el mapa hasta los códigos de lanzamiento. Yo me dirigí hacia el este, destruyendo pequeños campamentos y recogiendo todas las muestras posibles. Supuse que al final nos encontraríamos al noreste, donde se encontraba al misil.

Avancé con facilidad hacia el norte. Utilizaba el Cañón Cuásar para derribar las naves de transporte y la munición casi infinita del LAS-16 Hoz me permitía acabar con grupos de enemigos con relativa rapidez. Tanto es así, que llegué a la zona de lanzamiento minutos después de que mis compañeros recogieran el código. Escribí en el chat (en inglés): «Yo activo el misil. Limpiad y extraed». No contestaron, pero hicieron justamente eso.

Admito que lanzar el pepino nuclear no fue tarea sencilla. Agoté todos mis Stims y granadas, todos los cargadores de LAS-7 Daga y casi todos del LAS-16 Hoz. Siempre me quedaría el Cuásar. Finalmente, lancé mi segundo Láser Orbital para cubrirme mientras introducía el código y la secuencia de flechas.

Abrí el mapa. Mis compañeros estaban acabando con un punto rojo secundario al noroeste del mapa cuando la onda expansiva del misil hizo temblar el mapa. Y entonces fue cuando me percaté de que se dejaron una base al soroeste, 100-200 metros al sur de la extracción. Marqué la zona y les repetí que pidiesen la extracción en cuanto pudiesen. Llevaba encima casi todas las Muestras que teníamos.

El último Láser Orbital fue suficiente (quizás demasiado) para limpiar el último campamento, pero cometí un error de novato: buscar muestras antes de eliminar a todos los enemigos. Un malnacido pidió refuerzos, lo que produjo una reacción en cadena que me sobrepasó: llegaron dos naves de transporte y atrajo a una patrulla cercana. Todo para matarme.

El Último Superviviente

Fui eliminando a los enemigos mientras retrocedía hacia el sur, pero me quedé sin mapa. Usé la piedra más cercana como cobertura y descargué todo lo que me quedaba contra los enemigos restantes. Los eliminé a todos menos a un bruto con ametralladora y escudo. Se acercaba lentamente mientras disparaba.

Y ocurrió la desgracia: una Tormenta de Iones desactivó las estratagemas. El Cuásar no le hacía daño, diese donde diese, no me quedaban Stim y solo tenía un cargador de LAS-16. Es un cargador infinito, pero basta un despiste con el sobrecalentamiento para no poder disparar.

Entré en pánico. Mis compañeros estaban en el punto de extracción. Lo único que se me ocurrió fue marcar el bruto con el ping de avistamiento para que alguno viniese a ayudarme. Nada. Aguanté todo lo posible hasta recuperar las el Ataque de Precisión Orbital (no me quedaban láseres), pero son 100 segundos de enfriamiento.

Activé y desactivé una y otra vez el ping para llamar la atención de alguno y escribí en el chat «Hwlp». No quería morir. No había muerto hasta ahora. Era algo personal. Tenía encima al bruto, así que corrí hacia otra piedra al noreste. Volví a disparar el Cuásar, pero solo logré aturdirlo. Quedaban 40 segundos de enfriamiento. El bruto no dejaba de disparar con la ametralladora, que funde el escudo y te mata de una ráfaga. Empecé a pensar que no iba a salir con vida.

Abrí el mapa y vi un punto azul muy cerca de mi posición. Miré hacia el norte y vi a un compañero corriendo hacia mi posición. Solicitó un Antitanque Desechable mientras disparaba su arma y su Rover Perro Guardián fijaba el láser en el Bruto. Aproveché para acercarme al robot, darle un culatazo y atraer su atención, dejando la parte trasera expuesta al antitanque, que lo hizo saltar por los aires.

«Thx [Thanks o Gracias]», escribí rápidamente en el chat. Llegaron más refuerzos mientras escapábamos, pero para entonces ya tenía mi Ataque de Precisión Orbital para eliminarlos y llegar hasta la extracción. El resto de la misión fue coser y cantar. Nos llevamos el 95% de las muestras y todos los objetivos completados. Quise despedirme de vuelta en la nave, pero el juego volvió a crashear. No sé quién eres, pero gracias por acudir en mi ayuda. Me alegraste la tarde-noche.

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La noticia

Estaba acorralado, sin munición y medio muerto, pero Helldivers 2 hizo su magia: alguien creyó que mi vida valía la pena

fue publicada originalmente en

Vida Extra

por
Alberto Martín

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