El día en que el Spider-Man tuvo que salvar Nueva York sin los Vengadores ni los 4 Fantásticos de la forma más épica

El día en que el Spider-Man tuvo que salvar Nueva York sin los Vengadores ni los 4 Fantásticos de la forma más épica

junio 30, 2024 Desactivado Por

Todos tenemos en un pedestal a Spider-Man y no es para menos. El trepamuros se ha enfrentado a toda clase de amenazas con las que ha logrado salvar a miles de personas, pero hay que recordar que Peter Parker no deja de ser un superhéroe de barrio. Las amenazas cósmicas y los villanos absurdamente poderosos son demasiado para sus lanzatelarañas.

Así pues, cada vez que lo hemos visto repartir guantazos en sagas como Secret Wars o el Guantelete del Infinito, siempre ha sido apoyándose en otros personajes como los Vengadores o los 4 Fantásticos. Sin embargo, Tom DeFalco decidió en The Amazing Spider-Man #269 y #270 que el enmascarado se enfrentase a un ser que excedía por completo sus poderes y que lo hiciese sin poder recurrir a ningún aliado.

La trama nos sitúa durante los eventos que desencadenaron las Secret Wars II debido a la llegada del Todopoderoso a la Tierra, pero lo cierto es que no fue el único que llegó al planeta desde más allá de las estrellas. El Señor de Fuego, un antiguo heraldo de Galactus, se encontraba viajando sin rumbo por el universo y decidió realizar una parada técnica en nuestro hogar para deleitarse con algunos de los mejores manjares de la galaxia.

El problema reside en el Señor de Fuego no destaca por sus modales, sino por una soberbia exacerbada que le conduce a exigir una pizza y a quemar los hornos del dueño de un restaurante. Con el miedo sobre los mutantes flotando sobre el ambiente, un grupo de obreros deciden pararle los pies a lo que creen que es un Homo Superior, pero el personaje no es rival para unos simples humanos. Es en ese momento cuando Spider-Man hace acto de aparición.

Consigue golpear al Señor de Fuego y arrebatarle su cetro ígneo, aunque para su sorpresa recibe la información de que se encuentra peleando con un antiguo subordinado del mismísimo devorador de mundos. Peter se da cuenta rápidamente de que se encuentra en una lucha completamente fuera de su liga y lo comprueba de primera mano en cuanto el villano destroza un edificio al completo con un solo rayo de energía. Además, el tipo ni se inmuta cuando atraviesa varios bloques de edificios derritiendo las paredes sin inmutarse.

Al lanzarredes no le queda otra que adoptar una actitud evasiva, por lo que lanza su bastón al río Hudson y confía en que se mantenga entretenido bajo las oscuras aguas el suficiente tiempo como para pedir ayuda. Raudo y veloz, Spider-Man se dirige hacia el edificio Baxter para que sea el equipo liderado por Reed Richards el que se encargue del problema, pero… no está. La estructura entera ha desaparecido debido a los acontecimientos vividos en Fantastic Four #270 y es aquí cuando podemos ver cómo Parker considera una opción impropia de sí mismo.

Y es que el héroe se acobarda y decide vestirse como un civil, confiando en que sean otros los que se responsabilicen de detener al Señor de Fuego. Podría llegar hasta la mansión de los Vengadores, pero lo más probable es que se convierta en araña a la parrilla antes de que eso suceda. Sin embargo, mientras se cambia de ropa, su cartera se abre para revelar una foto junto a sus tíos, lo cual le insufla de valor y responsabilidad como para afrontar uno de los mayores desafíos que haya tenido enfrente.

A partir de ese punto, es cuando comienza el show. Spider-Man no se enfrenta directamente al Señor de Fuego, sino que pretende detenerlo haciéndole chocar contra un tren en marcha, mojándolo para apagar sus llamas y pidiendo a unos albañiles que detonen un edificio con ellos dos en el interior, creyendo que el peso de toneladas de cemento lo tumbe. Para sorpresa del cabeza de red, nada, pero nada detiene el paso firme del antiguo heraldo para acabar con el dichoso Spider-Man.

La última jugada que tiene preparada bajo la manga Peter es la de provocar semejante explosión en una gasolinera que mande a freir espárragos una manzana entera. La hecatombe es tremenda y ahora sí, Spider-Man tiene claro que el Señor de Fuego no puede haber resistido un impacto de tal magnitud; se equivoca. El ser cósmico se levanta como si hubiese echado una siesta, así que Spider-Man decide hacer lo inesperado en mitad de la desesperación: atacar. Comienza a inflar a golpes a la amenaza, pero con una dureza y una velocidad que no le permiten reaccionar al Señor de Fuego.

Los golpes van y vienen sin que pueda hacer nada, al mismo tiempo que el trepamuros se descarga de tanta frustración por haber puesto en peligro a la población de Nueva York. En mitad de su furia, una voz le advierte de que ya ha conseguido la victoria, se gira sorprendido y se encuentra al mismísimo Capitán América. Una pequeña formación de los Vengadores han llegado al lugar de la lucha para comprobar que, en realidad, su ayuda no era necesaria.

Spider-Man ha tumbado al Señor de Fuego, un tipo que lanzaba llamas, poseía una inmunidad pasmosa, fuerza increíble y, sobre todo, emanaba poder cósmico otorgado por el propio Galactus. La hazaña es brutal y durante muchos años ha permanecido en la mitología del personaje como uno de sus logros más impresionantes. Tal fue su popularidad que años más tarde se repitió el encuentro, pero esa es otra historia.

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El día en que el Spider-Man tuvo que salvar Nueva York sin los Vengadores ni los 4 Fantásticos de la forma más épica

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Vida Extra

por
Juan Sanmartín

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